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Las Aventuras de Guacolda en Stormwind o Ventormenta

Enviado por Gabriela el 05/02/2009 a las 01:40 PM

Guacolda es mi alter ego en el mundo virtual de World of Warcraft. Es una bruja que tiene un esbirro que pelea por ella, es una chica nivel 30 que por fin tiene su propio caballo, uno cafecito,  y otro mágico pura sangre de pies de fuego. Ella es una más de los 11,5 millones de personas que transita por los servidores de Blizzard para meternos en el mundo de Warcraft y vencer ratas kobolds, defias, ogros guatones, esqueléticos mineros, enanos que perdieron el alma, bestias descomunales y animales peligrosos.

Hace como dos años atrás partí jugando, pero lo abandoné y ahora este verano lo retomé aprovechando que mi comunidad cercana lo hace. Somos un grupo del trabajo que TIENE que jugar. Y eso, de jugar con permiso es un peligro adictivo donde nos involucramos con toda la familia, si hasta metí a mi Martín a jugar (claro que conmigo al lado).

Es gracioso, pero como que no dejo de ser yo misma en el juego, entonces, para recorrer y conocer el mundo, en general voy por el camino señalado, y no por los pastos, salvo que una misiónm e lleve hacia allá o bien que ya conozca el terreno y sepa exactamente con el tipo de bestia con el que me encuentro.

En el comercio no me ha ido del todo bien. Me he puesto a vender y subastar como mono todas las cosas que encuentro, pero nada vendo. Ahora recién encontré una venta con las camisas rojas, que me imagino que son apetecidas por los otros.

Nunca en la vida he cocido y resulta que ahora, mi guacolda es costurera y hace bolsos, vestidos, pantalones, capas, camisas y de todo. Con eso se las bate para conseguir unos morlacos y lograr juntar plata para su ansiado caballo. Al final junté como el triple de plata de lo que necesitaba en verdad.

Con lo que mejor me ha ido es con la sociabilidad, y así sí que he conseguido dinero. De hecho sólo con decir que me había ido mal vendiendo y que vendía ropa a medida, logré conseguir muchísima plata.

En las batallas, lo mejor es ir en grupo. sería estupendo si pudiésemos coordinarnos mejor y darnos algunas indicaciones previas, porque a veces noto que aún cuando seguimos a quien esté de líder y casi intuitivamente nos armamos, nos falta un poquito más de organización. moriríamos menos.

Ha sido un ejercicio para conocernos entre los que trabajamos juntos, de hecho las reacciones de sus personajes son como son ellos mismos, unos protectores, otros desconfiados, otros atolondrados, otros por las suyas sin hablar con nadie, cooperadores, mandones, etc.

También como laboratorio de trabajo en equipo para ver cómo coordinarnos mejor, y por cierto, una entretención.

 

Me estoy convirtiendo en Guacolda en World of Warcraft

Enviado por Gabriela el 21/07/2007 a las 11:01 PM

Desde hace un poco más de una semana, me puse definitivamente a jugar World of Warcraft (WoW), un juego de múltiples jugadores en línea que se vive en un mundo mágico de humanos, gnomos, elfos, y otras especies. En este mundo participan cerca de ocho millones de personas y eso que sólo se creó esta versión hace dos años. Conseguir ocho millones en dos años, no es el tema de ahora, adémás que no ha sido una pregunta que me haya tomado verdaderamente en serio.

¿Por qué me puse a jugar World of Warcraft? Porque tenía que ver lo que pasaba ahí, tenía que meterme. Estoy en un grupo donde queremos crear e innovar en educación a partir de la metodología del juego, incorporando la didáctica del juego en la clase. Camilo Herrera, José Luis Flores y hasta Fernando Flores me invitaron a jugar, con el paso del tiempo hasta me retaron por no jugar. La decisión de comprarlo y de pagar mensualmente 15 dólares no fue tan difícil como la de de verdad destinar tiempo al juego.

Primer fenómeno que veo: pasaron ocho meses para que definitivamente me tomara en mserio el tema de jugar WoW. Todavía no me he desecho del todo del juicio de que los videojuegos son enviciantes, enajenantes, alienantes, "come-horas-familiares", donde tienes que empezar todo de nuevo cuando pierdes y que en realidad, son más bien de un grupo etáreo diferente al mío. Lo que más me pesa es que en definitiva dejo que parte del tiempo destinado a la familia o al trabajo, se vaya hacia el juego, y además que tengo que justificar en ambos ambientes la importancia de hacerlo. Es más, que como es algo que no comparto con mi marido o mi pequeño, me veo obligada a explicar mis jerarquías.

A mí efectivamente me encanta jugar, sobre todo juegos de mesa, cartas, de ingenio, matemáticos, de lógica y computador (aunque a estos les tengo respeto). Los juegos de ejercicio físico me motivan menos que un brocoli. Si no tuviera un poco de voluntad o autocontrol, podría pasarme una noche entera jugando cualquiera de los que menciono. Debo reconocer que a veces ni siquiera es por mi control, sino más bien por el de mi entorno. Esa es una pequeña diferencia con los juegos multiplayer del computador. Al menos en el tiempo en que estoy en WoW, nunca nadie me ha dicho, "sabes que es tarde, vamos a dormir". En cambio, si jugamos canasta, ataque, o cualquier otra cosa con múltiples jugadores en la mesa, por muy entusiasmada que esté yo, sí me dicen que ya está bueno. Es como el tránsito de las clases del colegio a las clases en la universidad. Mientras en el colegio uno no puede decidir si entrar o no a una clase, o si ir o no al colegio, en la universidad sí tienes esa opción y naide te reprocha. De hecho en la universidad no existe la figura del inspector por piso. Esto es similar.

WoW después de descubrirlo, sí se ha transformado en enviciante, y efectivamente tengo que limitar el tiempo que paso jugando, o bien, conscientemente dejarme llevar por Guacolda, mi personaje dentro de ese mundo. Ahora, entiendo que esto no es un problema del juego en sí. Éste no es de por sí bueno o malo, ni tampoco neutral, sino que soy yo la que decido el tiempo que dedico a él, o hasta donde quiero llegar. Para eso me pongo límites distintos, algunos relativos a la hora (juego hasta las 11.00), o bien, juego hasta terminar una misión (quest), o hasta recorrer tal terreno, o juego hasta que termine un nivel (no aconsejable porque a veces puede durar harto).

¿Qué lo hace enviciante para mí? Los desafíos, la multiplicidad de diversidades y de cosas por descubrir y los otros.


Continuará...


BATIK AFRICANO