Que dé lo mismo tener los ojos abiertos o cerrados, sentir que te haces agua, ver la magia del fuego y las estrellas en un interior, disfrutar del olfato más que nunca, sentir que tu aliento no es más frío que lo de afuera, y pensarte entonces como dragón, adorar estar en la fresca tierra. Sentir un vínculo con los que estaban ahí. No de amistsd, ni de cariño, sino de entrega o de confianza enlazada, no ingenua, sino poderosa confianza, o de descubrir que estamos profundamente vinculados. Todo eso, fue el temazcal para mí.
El temazcal es un ritual ancestral de purificación. Es como el rescate de lo mágico y no cosmético de los orígenes del sauna. Es un baño de vapor en una especie de ruca donde se te abren puertas para explorar los cuatro elementos, tierra, agua, aire y fuego. Cada uno de ellos también expresados en la estructura , Inipi, que cobija al grupo que participa de él.
El Temazcal está hecho a semejanza del vientre materno, que es el mismo de la madre Tierra o Pachamama, al cual entramos ligeros y salimos renaciendo a nuestra vida en el Planeta, con una visión más clara de lo que tenemos que hacer, sanar, reconciliar y trabajar.
No me salieron alas, pero todavía resuenan en mí, canciones, sensaciones, reflexiones, intenciones, y veo efectivamente lazos.
Gracias
(nota: y no era nada con drogas ni ninguna cosa rara).
Vengo llegando de un taller de Carmen Cordero llamado integración cognitiva corporal. Este taller se basa en la biología del conocimiento. En comprender que la mente es parte del cuerpo, y que no todo lo controla la mente. El cuerpo existe y la mente es parte de él. No se trata de cortarse la cabeza y dejar de pensar, sino de poder habitar y reconocer el cuerpo. Carmen Cordero ha trabajado especialmente, el tema de las emociones básicas que estàn presentes siempre y que nos permiten actuar/relacionarnos/refexionar/experienciar de distinta forma. Aquí hay un post de una experiencia del taller.
Me doy cuenta de que efectivamente yo soy sumamente explicativa, para mí el cuerpo no es que no exista es que en realidad está subyugado a lo que tengo que hacer. Y es en esa dimensión donde me muevo es que con esta nueva distinción de las emociones, empiezo a mirar mi entorno y las últimas conversaciones que he tenido bajo este prisma. Así miro el sistema de enseñanza aprendizaje dado que es donde me muevo laboralmente.
Me encuentro con un post de Raúl Herrera que me lleva a iniciar un análisis en ese ámbito que comparto.
El sistema de enseñanza/aprendizaje me permite distinguir las emocione presentes en la construcción de cada uno de ellos como si fueran también cuerpos:
La estructura enseñanza/aprendizaje - lo corporal
El proceso de aprendizaje - lo relacional
Los contenidos de ese aprendizaje - el dominio del lenguaje
Desde la estructura, etendiendo por tal el sistema de relaciones, las configuraciones administrativas y acciones que se realizan en un sistema de enseñanza aprendizaje como un colegio, instituto, universidad u otro (yo hablo desde lo que veo en un colegio), distingo:
El miedo, en los sistemas de control que se generan, en cada uno de los indicadores a nivel país, comuna, interno, los SIMCE, PSU, dan cuenta de ello. Es en esta emoción donde también deben estar las alertas para darse cuenta de situaciones críticas con estudiantes, profesores, o trabajadores. Desde aquí pueden fijarse las normas. También desde este ámbito están las planificacionesde lo que se realiza en el aula, la gestión.
La rabia, es lo que moviliza las acciones en el aula, las salidas pedagógicas, las experiencias de aprendizaje. Es el motor de que las cosas pasen, se hagan. También es el que puede tener la fuerza para impulsar o detener algo. Ni la norma ni la planificación, sirven en un papel. La rabia es la de la energía movilizadora que permte impulsar o detener algo.
La alegría pone la atención en las relaciones entre los distintos estamentos y al interior de cada uno de ellos. Las relaciones entre estudiantes, padres, profesores, profesionales, administrativos, directivos, y en la combinación de todos. Pone la atención en el trabajo en equipo y en el cuánto se aliviana la pega si es que la hacemos todos.
La tristeza, es la que nos permite poder reflexionar lo vivido, el necesario proceso de introspección como organización que nos permite construir identidad e historia. Es el mirar los procesos internos de pérdida, vivirse los duelos y buscar espacios de relajo, de contención como grupo.
En el proceso de aprendizaje, me gustaría aportar desde lo que se ha construido como ciclo de aprendizaje en el Altamira, de la importancia de haber colocado en él el centramiento emocional como clave. No me imagino un proceso de autoevaluación o de sistematización de lo aprendido sin estar en pena, ni tampoco el asumir el desafío o una pregunta provocadora, sin miedo, sin estar alertas, o de realizar cualquier experimento y poder ensayar y equivocarse mil veces, sin estar en la rabia, o trabajar en equipo sin alegría.
Finalmente, desde el qué aprender, esta mirada de las emociones enriquece la concepción de competencias (conocimiento, destrezas, actitudes).
Relaciono el miedo con la necesidad de establecer distinciones, ordenar, agrupar, desagrupar y reagrupar.
La rabia con la necesidad de saber hacer, de experimentar, de ensayar y equivocarse, de saber poner límites, y de saber impulsar.
La pena con saber reflexionar, saber relajarse, saber sistematizar lo hecho, experimentado, errado, a través de las agrupaciones, distinciones adquiridas. Poder aprender a verme en ese proceso, a saber qué pasa conmigo,a construirme desde ahí.
La alegría al saber hacer con otros, en el trabajo en equipo, en la colaboración.
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