"Una civilización brillante" se nombraba la inauguración de los juegos olímpicos, y si bien en un principio pensè que se trataba de la humanidad en general, rápidamente uno se da cuenta de que se trata de su cultura. La civilización oriental es birllante.

En la ceremonia inaugural los orientales fueron capaces de reconstruir la historia. Que la imprenta fue invención de Guttemberg, ¡las pinzas! Mucho antes eran los chinos quienes la habían implementado con un conjunto de caracteres que se levantaban y bajaban como la escultura de miles de clavos que toma la forma de lo que la toca, el arte de escribri en masa. Y cuándo alguien nos habló del papel. Nadie. Era como si siempre hubiese existido por generación espontánea. Y la seda, la pólvora, en fin. Pero más allá del sacarle pica a la otra civilización según quién haya inventado algo antes, o quién hizo los mejores aportes a la humanidad, es la cultura del mosaico la que impresiona.
La muestra de lo que la coordinación puede lograr, fue maravillosa. Cada acto me parecían más a un panal luciendo su belleza que a un conjunto de hombres y mujeres luciendo en forma individual sus cualidades. Eso, ese hecho de operar como colectivo, es lo que me hizo darle valor a lo uniforme coordinado, a la acción en masa, a juntar los coligues. La innovación del mosaico.









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