
El sábado a las 5 de la mañana comenzamos a despertarnos para partir al colegio en la caravana solidaria de todo el esfuerzo iniciado hacía más de una semana. La recolección de alimentos, útiles de aseo, las cartas y mensajes de los niños, las frazadas, ropa seleccionada, carpas, cuna, camas, colchones que reunimos, nos esperaban listos en el área de práctica de trapecio.
Lo que veíamos como poco el miércoles, se había transformado en una gran cantidad de aportes de todos los cursos coordinados por sus profesores jefes. A las 6.15 ya todos reunidos en el Colegio, empezamos a dudar incluso de las capacidades de los autos y del camión. Después del esfuerzo ingenieril de los apoderados y profesores choferes, logramos llevarnos todo.
En el camino, comprobamos que éramos una más de las tantas caravanas que partían y el ánimo fluía entre bocinas de saludos y sonrisas con caras de sueño. ¡Fuerza Chile! Necesario ante el paisaje de escombros, grietas, baches y desvíos del terremoto.
Seis horas más tarde, entramos a Pelluhue y Curanipe. Como llevábamos al “Vicho” de vuelta a su casa, nos mostraba los cambios en su territorio. Sitios eriazos, ya limpiados, habían sido bombas de bencina, estadios, restorantes, casas, calles. Botes o partes de ellos en los lugares más increíbles. Había un lugar que parecía un lago alargado como río, con casas con el agua hasta la frente, en la mitad de él. “OOHHHHH!!!! Ahí había muchas casas”, decía impresionado.
Como si hubiese sido un bosque para talar, muchas de las viviendas que parecían en pie, estaban pintadas con una cruz para ser demolidas. Y contradictoriamente, el cielo, el mar, las rocas, los árboles, nos hablaban de un lugar que naturalmente seguía siendo maravilloso. El desastre definitivamente era humano, no natural.
Llegamos a la municipalidad, que como estaba cercana a la playa, también el mar le había quitado un centro de atención sicológica, la posta y varias oficinas. Conversamos con el alcalde y partimos a comer algo y dejar las ayudas en el centro de acopio de Chovellén. La tropa del Altamira rápidamente nos organizamos para hacer, en tres horas, doscientas cajas de ayuda para las familias de localidades y caseríos pequeños de difícil acceso. Las cosas que llevamos fueron precisas para completar la falta de toallas higiénicas, pañales, salsas de tomate, aunque igual escaseaban los cepillos de dientes y la harina.

Al día siguiente, acompañados de un camión militar que llevaba todo el trabajo del día anterior, subimos a Canelillos donde nos esperaba una ejemplar presidenta de Junta de Vecinos, la señora Norma. Tenía un catastro de todas las familias con cantidad de personas y viviendas destruidas.
Nosotros colaboramos completando las fichas de las familias, escuchando y verificando la entrega de ayuda, coordinados por Lily, una gran mujer de la municipalidad de Curanipe que no sólo organizaba la entrega y el registro, sino que también tenía el alma entera comprometida. Mientras, otro grupo del Altamira, hacía un trabajo de contención emocional guiados también por la gente de la municipalidad, y establecía vínculos para el segundo paso.
La pobreza se nos volvió a revelar desde el fondo de la tierra, lo que esconden siempre las grandes cifras de superación, es que detrás está la señora María, el Ricardo que en su casa de subsidio recibió a 11 personas de Cauquenes y Curanipe, que viven con 40 mil pesos al mes.
El tiempo se nos pasó volando. Compartimos y regresamos con la seguridad de que esto sólo fue el primer paso y de que podemos apoyar desde nuestro ser colegio, ser estudiante, profesores, trabajadores, apoderados y profesionales.
Muchas gracias Colegio y Centro de Padres. Muchas gracias a los que cooperaron y más aún a los que fueron. Gracias Paula Astudillo, Arturo Castro, Carlos Araya, Daniela Carrasco, Sandra García, Germán Bauerle, Andrés Cruz, Sebastián Garretón, Pedro Honorato y familia completa, Matías Neira, Pedro Quezada (padre e hijo), José “Papa” Neira, Roberto Albornoz, Gabriela Guzmán y Camilo Herrera. Gracias también a Sandra Arias y Ana Buscaglia, sicólogas convocadas.
Y gracias a quienes nos recibieron por su cariño y las tremendas atenciones que no esperábamos recibir, Rigoberto Valdivia, Pilar Cox, Cavi Quezada.








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