"Si la modernidad se define como
fe
incondicional en el progreso, en la
técnica,
en la ciencia, en el desarrollo económico,
entonces esta modernidad
está muerta"
E. Morin
En el marco del proyecto de educación para un futuro sostenible, es que Unesco solicita a Edgar Morin sus ideas respecto de los saberes necesarios en educación, en consideración de su visión de pensamiento complejo.
La globalización, la irrupción de las nuevas tecnologías, las posibilidades de comunicación inmediata han cambiado nuestras formas de vida, de vincularnos con otros, nuestros comportamientos, han modificado nuestros sistemas de decisión a nivel personal, global y mundial, pero la educación aún se basa en un paradigma que separa lo humano de lo natural, desde la observación hasta la abstracción y la experiencia, un paradigma de lógica cartesiana, propio de la modernidad, que enajena al individuo de su contexto natural, social y emocional, que releva la lógica matemática y cientificista moderna como única forma de conocimiento, y que cree dirigirse hacia un futuro de progreso infinito movido por los progresos conjuntos de la ciencia, la razón, la historia, la economía, la democracia. Es esta modernidad la que nos ha llevado a un sistema depredador a todo nivel.
(ver/leer como párrafo este trailer)
La mirada hacia el futuro está llena de incertidumbres considerando la vertiginosidad de los cambios, sin embargo, en la idea de que si queremos que la Tierra pueda satisfacer las necesidades de los seres humanos que la habitan, la sociedad humana debe transformarse, como dice Federico Mayor, ex director de Unesco en la presentación de este libro.
El texto se plantea en este desafío de mirar a largo plazo la educación, con una mirada sustentable y responsable en lo humano, lo global y lo planetario, invitando a reconsiderar la organización del conocimiento, mirarlo como unidad y multiplicidad, despojándose de las barreras tradicionales de las disciplinas para lograr ver el tejido unido de la complejidad, con la diversidad de sus componentes.
En los análisis de Morin predominan los bucles interrelacionados y de doble flecha, que indican la necesidad de considerar a cualquier elemento vinculado, en contexto y en el tejido del que es parte, sin aislarlo de las relaciones mutuas, influyentes e influidas, que establece. Se trata de una relación dialógica que rescata las tensiones de los elementos, su complemento y su competencia. En esta línea, el autor acuña el término UNIDUALIDAD, donde confluyen los aspectos que unen a los elementos y que los diferencian. Esta línea de coherencia rescata la unidad en diversidad de lo humano, lo social y de la especie.
A nivel individual, señala el autor:
“Existe una unidad humana. Existe una diversidad humana. La unidad no está solamente en los rasgos biológicos del homo sapiens. La diversidad no está solamente en los rasgos psicológicos, culturales y sociales del ser humano. Existe también una diversidad propiamente biológica en el seno de la unidad humana; no sólo hay una unidad cerebral sino mental, síquica, afectiva e intelectual… Es la unidad humana la que lleva en sí los principios de sus múltiples diversidades. Hay que concebir la unidad de lo múltiple, la multiplicidad del uno”.
A nivel mundial, a partir de la comunicación de los continentes en el siglo XVI y los procesos de mundialización producto de la influencia tecnológica, los modelos productivos y económicos de fines del siglo XX, “el mundo se ha vuelto un todo. Cada parte del mundo se hace cada vez más parte del mundo y el mundo, como un todo, está cada vez más presente en cada una de sus partes… Así como cada punto de un holograma contiene la información del todo del cual forma parte, también, ahora, cada individuo recibe o consume las informaciones y las sustancias provenientes de todo el universo”.
Y a nivel planetario, mirando al humano como parte de una especie y de un planeta, la unidad diversa del planeta que habitamos nos invita a aprender a ser, vivir, compartir y comulgar también como parte de la Tierra.
Este hilo conductor de la complejidad en el bucle individuo<-> sociedad <-> planeta es el que une y da la diversidad al texto en una estructura coherente.
Primero, el autor se centra en el clásico objeto de la educación, el conocimiento. Parte derribando las barreras del conocer como algo estático, verdadero e incólume de errores e ilusiones. En el bucle Intellect <-> affect el autor rompe la relación del conocimiento sólo con la inteligencia del razonamiento, situando en un mismo nivel relacional los aspectos emocionales tanto como facilitadores del conocimiento – la curiosidad, y la pasión- , como debilitadores – odios, miedos, envidias. Así, se introduce en los errores derivados del mundo síquico (error mental), de nuestros sistemas de ideas con sus teorías doctrinas e ideologías (error intelectual) y de los errores de la razón. Desde este ángulo se introduce en los errores paradigmáticos, como el lugar donde se realiza la selección y determinación de la conceptualización y de las operaciones lógicas. El autor en este punto reconoce dos paradigmas en la relación humano-naturaleza, donde en uno operan como unidad, y en el otro como opuestos. El autor, señala que ambos responden al paradigma de la simplificación y por tanto ni uno ni otro conciben la unidualidad de la realidad humana e impiden concebir la relación de implicancia y separación entre el hombre y la naturaleza. El autor evoca el “Gran paradigma de Occidente” derivado del cartesianismo que separa al sujeto del objeto, transversalizando la disociación a todo el universo.
Después de derribar las barreras del conocer, el autor le comienza a dar pertinencia, ofreciendo la posibilidad de poder articular y organizar las informaciones, percibir y concebir el contexto y lo global (en su relación del todo <-> partes). Con esto refiere a las dimensiones que le dan sentido a las informaciones y los elementos. Distingue lo global en una esfera mayor al contexto, al ser el conjunto que contiene partes diversas ligadas de manera inter-retro-activa u organizacional.
Tanto en la esfera individual, como la social y planetaria, este acto implica reconocer su multidimensionalidad para insertar allí sus informaciones. Finalmente, no es que esta riqueza de aspectos esté disociada sino actúa como hebras de un tejido conjunto e inseparable, un “tejido interdependiente, interactivo e inter-retro-activo entre el objeto del conocimiento y su contexto”.
En el tercer saber da un giro hacia el conociente, el humano, partiendo con una visión global sobre la condición humana. Aquí retoma los paradigmas reduccionistas basados en la relación o la dicotomía humano <-> naturaleza, e invita a considerar en una sola relación el arraigo <-> desarraigo humano. “Estamos a la vez dentro y fuera de la naturaleza”. La pertinencia y contexto de la condición humana, la ubica partiendo desde la condición cósmica, la física hasta la terrestre, para adentrarse en la humana condición. Explica la unidad de las dualidades de lo netamente biológico y netamente cultural a la vez. Rescata las interdependencias de cerebro <-> mente <-> cultura, la relación horizontal, inestable, rotativa y cambiante de razón <-> afectividad <-> impulso. Y vuelve a contextualizar lo humano en el bucle individuo <-> sociedad <-> especie.
De la unidad de la dualidad, pasa a la unidad de lo múltiple rescatando lo complejo en las dimensiones individuales, sociales y culturales resaltado la necesidad de abandonar la visión que define al humano sólo por la racionalidad.
En este juego del bucle que logra ver en la dualidad de la unión las riquezas, Morin, luego de analizar la condición humana en el mundo (su contexto), nos invita a ver la condición del mundo humano. Reflexiona sobre los procesos de mundialización y globalización como relaciones de unión y separación que operan al mismo tiempo, y levanta una alerta en relación a la concepción de desarrollo derivada de la división y parcelización de un único tejido planetario. “Es necesaria una noción más rica y compleja del desarrollo, que sea no sólo material, sino también intelectual, afectiva y moral”.
Esto lleva al autor a una reflexión respecto del futuro, introduciendo el factor tiempo y rescata a Eurípides, en un guiño a lo clásico. Así recoge las visiones de un tiempo cíclico de las culturas antiguas, contraponiéndose a la moderna occidental de tiempo lineal, de progreso infinito. En el marco de lo complejo -de lo que está tejido junto- el autor nuevamente escapa del paradigma clásico y del moderno, sobre la concepción del tiempo cíclico/lineal, recogiendo de ambos su unidad y su dualidad. Concluye que la historia no constituye una evolución lineal. “Es un enjambre de devenires enfrentados con riesgos, incertidumbres que involucran evoluciones, enredos, progresiones, regresiones, rupturas… Es un complejo de orden, de desorden y de organización”. Sugiere así una relación dialógica – antagónica, competente y complementaria- en la expresión del bucle orden <-> desorden <-> organización para referir a las incertidumbres humanas, mundanas y universales.

Educativamente, para enfrentar las incertidumbres, el autor retoma los errores del conocimiento, y además distingue las incertidumbres de la acción, en tanto es posible considerar a la acción como apuesta y no sólo como decisión. “La ecología de la acción es tener en cuenta su propia complejidad, es decir, riesgo, azar, iniciativa, decisión, inesperado, imprevisto, conciencia de desviaciones y transformaciones”. Las claves para enfrentar esta incertidumbre de la acción, la coloca en la conciencia de la apuesta implícita, y en los bucles relacionales de riesgo y precaución, finalidades y medios (comienza a introducir el concepto ético), y la acción misma en torno a su contexto, como ella inter-retro-actúa en el medio donde interviene. Más allá de la plena conciencia de la incertidumbre de la acción, es decir, la plena conciencia de la apuesta, otra forma de enfrentarla es la estrategia, entendida como la elaboración de un escenario de acción examinando las certezas y las incertidumbres de la situación, las probabilidades, las improbabilidades.
La sexta clave allana el camino hacia la ética final propuesta, invitando a considerar la comprensión humana como clave de la educación para el futuro. Establece una distinción respecto de la comprensión asociada a aspectos lógicos e intelectuales (comprensión matemática, de lectura) y plantea el desafío de la comprensión humana intersubjetiva. Comprender los significados que damos en culturas determinadas, los ritos y costumbres en las que habitamos, los valores imperativos, los imperativos éticos, las visiones de mundo e incluso las estructuras mentales. Como obstáculos a la comprensión, Morin hace alusión al centramiento predominante de lo humano, lo cultural, o lo social, y el espíritu reductor. “No solamente existe la indiferencia sino también el egocentrismo, el etnocentrismo, el sociocentrismo, cuya característica común es considerarse el centro del mundo y considerar como secundario, insignificante u hostil todo lo extraño o lejano”.
Finalmente, partiendo desde el objeto conocimiento, pasando por la pertinencia, lo humano, el mundo y la incertidumbre considerando el factor tiempo y futuro integrado. El autor se adentra en aspectos éticos recogiendo la complejidad como eje articulador, por ende se trata de una ética en inter-retro-acción con lo humano, el mundo y el planeta. Así en cada una de las relaciones que se establecen levanta principios éticos que invitan al desarrollo de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y de la conciencia de pertenecer a la especie humana. Desde aquí se plantean dos grande finalidades ético políticas de establecer un control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y concebir la Humanidad como comunidad planetaria.
En este análisis al vincularlo con el sistema educativo urge una revisión desde la comprensión de las múltiples dimensiones dentro de su ya consabida unidad. La escuela debe entenderse no sólo como el espacio de aprendizaje separado de su contexto, ni de los actores que son parte de ella, sino dentro de sus inter-retro-acciones, de sus relaciones, en un tiempo que debe integrar la incertidumbre y sobre todo, con una concepción ética que vaya más allá del desarrollo individual, del social, o del mundial, integrando así lo planetario.
En este análisis crítico del texto se puso el hincapié en la teoría de la complejidad que subyace como una invitación que apunta más a una comprensión que a una disciplina, teoría o nueva religión.
El desafío de la complejidad que plantea Morin, se traduce en una invitación a que la escuela pueda romper con los paradigmas simplistas y reduccionistas y abrazar lo complejo en la necesidad vincular lo que era considerado separado y hacer jugar las certezas con las incertidumbres, mirando lo humano, lo social y planetario como unidualidad.










comentario
la explicaion esta muy buena es mas quisiera que haya mas de estas informaciones para que las demas personas se puedan enterar de lo grandioso que es el ser y su alrededor
Gracias, PaulinaSi encuentras más por ...
Gracias, Paulina
Si encuentras más por favor, no dudes en darme el link para ponerla.
Saludos y un buen año para ti y el planeta
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Gabriela Guzmán C.
http://www.gabrielaguzman.cl