Guacolda es mi alter ego en el mundo virtual de World of Warcraft. Es una bruja que tiene un esbirro que pelea por ella, es una chica nivel 30 que por fin tiene su propio caballo, uno cafecito, y otro mágico pura sangre de pies de fuego. Ella es una más de los 11,5 millones de personas que transita por los servidores de Blizzard para meternos en el mundo de Warcraft y vencer ratas kobolds, defias, ogros guatones, esqueléticos mineros, enanos que perdieron el alma, bestias descomunales y animales peligrosos.
Hace como dos años atrás partí jugando, pero lo abandoné y ahora este verano lo retomé aprovechando que mi comunidad cercana lo hace. Somos un grupo del trabajo que TIENE que jugar. Y eso, de jugar con permiso es un peligro adictivo donde nos involucramos con toda la familia, si hasta metí a mi Martín a jugar (claro que conmigo al lado).
Es gracioso, pero como que no dejo de ser yo misma en el juego, entonces, para recorrer y conocer el mundo, en general voy por el camino señalado, y no por los pastos, salvo que una misiónm e lleve hacia allá o bien que ya conozca el terreno y sepa exactamente con el tipo de bestia con el que me encuentro.
En el comercio no me ha ido del todo bien. Me he puesto a vender y subastar como mono todas las cosas que encuentro, pero nada vendo. Ahora recién encontré una venta con las camisas rojas, que me imagino que son apetecidas por los otros.
Nunca en la vida he cocido y resulta que ahora, mi guacolda es costurera y hace bolsos, vestidos, pantalones, capas, camisas y de todo. Con eso se las bate para conseguir unos morlacos y lograr juntar plata para su ansiado caballo. Al final junté como el triple de plata de lo que necesitaba en verdad.
Con lo que mejor me ha ido es con la sociabilidad, y así sí que he conseguido dinero. De hecho sólo con decir que me había ido mal vendiendo y que vendía ropa a medida, logré conseguir muchísima plata.
En las batallas, lo mejor es ir en grupo. sería estupendo si pudiésemos coordinarnos mejor y darnos algunas indicaciones previas, porque a veces noto que aún cuando seguimos a quien esté de líder y casi intuitivamente nos armamos, nos falta un poquito más de organización. moriríamos menos.
Ha sido un ejercicio para conocernos entre los que trabajamos juntos, de hecho las reacciones de sus personajes son como son ellos mismos, unos protectores, otros desconfiados, otros atolondrados, otros por las suyas sin hablar con nadie, cooperadores, mandones, etc.
También como laboratorio de trabajo en equipo para ver cómo coordinarnos mejor, y por cierto, una entretención.










Comentarios recientes
hace 2 semanas
hace 2 semanas
hace 1 mes